
Se conocieron un día cualquiera, en un lugar cualquiera, Él llevaba cholas de playa y Ella braquitas negras, decir que fue amor a primera vista sería una gran mentira, fue el simple principio de causalidad el que los llevó aquella noche a la misma calle, a la misma casa y a la misma cama.
Pasaron 100 días encerrados en casa para presevarse de los efectos nocivos del cambio clímatico saliendo a la terraza desnudos solo los días soleados para deleite del sol y del vecino del ático de enfrente.
Quizás no era amor, quizá era otra cosa, pero Él y Ella decidieron pasarse la vida averiguadolo.